y la Vida danzara en su esplendor,
libre fue la Madera
en los bosques profundos del Amor.
En sus mágicas horas verdes era,
ay, verde, qué te quiero, el astro
padre del amarillo sol, su hijastro,
sin jornada que no reverdeciera.
Y su luz esmeralda,
no chillona y sangrienta, roja y gualda,
del cenit a la sima,
de la cima a la falda,
sin yugo que la oprima
ni invisible frontera,
perenne y esmeralda...
¡Cuando el Agua parió la Primavera!
Jesús María Bustelo Acevedo
No hay comentarios:
Publicar un comentario